ACTO DE ENTREGA
DEL XIV PREMIO AL
SOLIDARIO ANÓNIMO AÑO 2013
Paraninfo de la
Universidad de Murcia
Murcia, 12 de
diciembre de 2013
Intervención del Presidente
de la Plataforma del Voluntariado de la
Región de Murcia
Roberto Barceló Vivancos
Gracias,
Sr. Rector.
Buenas
tardes.
Como siempre, quisiera empezar mi intervención, por el
capítulo de saludos, pero también, como siempre, no por una cuestión meramente
protocolaria, sino por deseado y sentido al mismo tiempo, dado que entiendo que
la práctica totalidad de las piezas que conformamos el puzzle social son las
que esta tarde, de modo mayoritario, nos hemos encontrado en este acto y, a la
vez, porque con ello quisiera significar que todas las piezas somos necesarias,
incluso en la contradicción de los contrarios, aunque no necesariamente tengan
por qué ser antagónicos, por ello:
Saludar, por tanto, al Sr. Rector (José Antonio Cobacho
Gómez) y a las demás autoridades académicas y políticas que integran la Mesa y
que compartimos siempre, a distintos niveles, la organización de este evento:
A Mª Isabel (Sánchez-Mora Molina), Vicerrectora de
Estudiantes y Empleo.
A Enrique (Pastor Seller) y a Juanjo (García Escribano),
Decano y
Secretario, respectivamente, de la Facultad de Trabajo
Social.
A D. Leopoldo Navarro Quílez, Director de Política Social de
la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia que, por primera vez está en esta
mesa.
Y, a Antonio, Antonio Pérez Ferra, como uno de los garante
del legado de la Fundación que lleva el nombre del escultor, el maestro Antonio
Campillo, a quien se debe la donación,
de modo indefinido en el tiempo, de la reproducción de, esta ya, inseparable e
identificativa estatuilla del Premio al Solidario Anónimo.
Saludar, también, a quienes han venido en nombre de las
distintas Administraciones públicas: Comunidad Autónoma y Ayuntamientos.
Saludos para los líderes y otros miembros de los partidos
políticos, así como de las organizaciones sindicales y empresariales presentes.
A quienes lo están en nombre de las organizaciones e
instituciones sociales, educativas y religiosas, en general.
A los distintos miembros de la Comunidad Universitaria:
profesorado, alumnado y personal de administración y servicios y, de forma particular, permítanme que lo haga con
Milagros Gómez Gómez, Mila, Secretaria de Dirección de la Facultad de Trabajo
Social, que junto a los voluntarios de la entidad que represento y los que
forman parte del Servicio de Atención a la Diversidad y Voluntariado de la
Universidad de Murcia, han hecho posible la gestión de la intendencia para que
este acto pueda llevarse a cabo.
A las organizaciones que integran la Plataforma del
Voluntariado de la Región de Murcia.
A cuantas personas conforman el Voluntariado en nuestra
región.
A los miembros del Jurado de este Premio.
A los ciudadanos que han considerado su tiempo para estar
presentes en la entrega de este reconocimiento.
Y, también saludar, por su colaboración más cercana, a la
Concejalía de Bienestar Social y Sanidad del Ayuntamiento de Murcia, al Colegio
de Trabajadores Sociales de la Región de Murcia y, a la Fundación Cajamurcia.
A quien va a realizar la semblanza del premiado, Dª Cristina
Roca Ballester, así como al promotor de la
candidatura, D. Francisco Rodríguez García, así como a los amigos y familiares
de la persona por la que hoy estamos aquí.
A los integrantes de las Asociaciones y Federaciones de
Asociaciones de Vecinos de toda la Comunidad Autónoma, y especialmente, por la
procedencia de a quien hoy es reconocido, a aquéllas que vienen de Cartagena y
su Comarca.
Y, cómo no, a D. Luis Sánchez Pina, amigo Luis, Premio al
Solidario Anónimo en su décimocuarta edición.
Son 14 ediciones. Son ya, 14 años de Premio al Solidario
Anónimo. ¡14 años! en que la Universidad de Murcia, a través de la Facultad de
Trabajo Social, entonces, todavía Escuela; y la Plataforma del Voluntariado de
la Región de Murcia, venimos desgranando este
espacio por el que, de forma simbólica, hacemos un reconocimiento, aunque
materializado en la figura de quien se premia, a cuantas personas, millones de
personas en todo el mundo, practican la Cultura de los Valores, siendo el
“Compromiso”, a mi entender, el primero de ellos y cuyo significado profundo,
arrastra a todos los demás con él.
14 años de Premio al Solidario Anónimo que, por otro lado,
ponen de manifiesto que se encuentra en su plena adolescencia como así lo está,
también, la Solidaridad, o así, al menos, entiendo yo que está.
Pero puede que la Solidaridad sea una etapa propia de la
adolescencia en el largo e indeterminado proceso de la evolución del Ser
Humano.
Yo lo creo así cuando digo que, tal vez sea la Solidaridad,
un camino de crecimiento porque, de por sí, no conforma el estadio de
desarrollo que debiera corresponder a una sociedad basada en un ideal de
Suprema Justicia. Por eso, valores como la Solidaridad son los propios de una
sociedad que está en una continua contradicción entre evolución y su
contraparte que le arrastra.
Considero que la Solidaridad, concepto tan noble es, sin
embargo, una respuesta paliativa a las desigualdades, a las injusticias, a la
violencia emocional que producen las injusticias.
Para que la Solidaridad quedara superada en la etapa
evolutiva del Ser Humano, creo que su circunscripción natural debiera ser
aquélla que hace referencia a cuando nos enfrentamos a fuerzas superiores a
nosotros como son las que la naturaleza deviene, o las enfermedades, o la
muerte, pero nunca más debiera serlo como elemento de confrontación por la
conquista, o reconquista como ya empieza a suceder, de derechos sociales
básicos.
Cuando digo que la Solidaridad es un elemento de
confrontación, me estoy refiriendo a que si bien la misma lleva aparejada un
fuerte componente de auxilio para quien necesita de ella, sino la acompañamos y
entendemos con la misma energía, como un mecanismo de denuncia y
reivindicación, más que de acomodo y placebo tranquilizante de conciencias, la
llama que hemos encendido para iluminar y remover, precisamente, las otras
conciencias, quedará extinguida sin más brillo que el que se desprende -como
siempre digo-, de los fuegos de artificio cuyos efectos en el cielo, no cabe la
menor duda, son espectaculares.
Por eso, a las ONG, junto al resto de los agentes económicos
y sociales, los partidos políticos y los movimientos ciudadanos que tienen un
carácter más incipiente, nos corresponde, como en medicina, el papel de
principio activo, que debe ser capaz de influir en la modificación de las
condiciones sociales existentes y, por tanto, donde la base de su filosofía no
debiera ser conformadora de un inmovilismo aceptado, sino al tiempo que
prestadoras de servicios (las ONG), si así lo fueren o quien lo fueren,
debieran romper con la disfunción, si lo tuvieran, de un papel y entorno
endogámico no propio, sin que por ello haya que renunciar a los derechos que la
Constitución y el resto de leyes les asisten, incluido el de ser reconocidas,
desde las Administraciones, con ayudas económicas, para el desempeño de sus
fines de forma digna de quienes desarrollan esa labor como los beneficiarios /
usuarios de la misma.
Porque el estado ideal de la sociedad no es vivir, o no
debiera ser, el vivir instalada en la Solidaridad como mecanismo de corrección
de las desigualdades y, tampoco, el estado ideal es vivir de la Solidaridad, ni
las personas necesitadas, ni las instituciones, ni las organizaciones, pero
tampoco se puede prescindir de ella, lamentablemente, y menos en estos momentos
tan críticos por los que atravesamos y me temo que por muchos siglos por
delante.
Por tanto, prefiero hablar de la Solidaridad, en esta etapa
de la evolución social del Ser Humano, no como un fin en si mismo, sino como un
instrumento temporal (indefinido) para alcanzar metas mayores y, por tanto,
como una respuesta imperfecta, pero necesaria; o como una respuesta
insuficiente, pero pragmática. Creo que si la Solidaridad la entendiéramos como
un tránsito, tal vez pudiera cumplir mejor lo que se debe esperar de ella: yo
pondría el símil de la Solidaridad como una pértiga que sirve de palanca para impulsarnos,
en el salto, a otro status superior.
Siempre he creído que ese status superior debiera ser el de
la Equidad, en un sentido absoluto, como aspiración final, al menos, hasta
donde yo alcanzo en el conocimiento, como deseable.
Y cada vez estoy más convencido de algo tan obvio,
posiblemente, como el que sólo la Equidad es posible a base de que
verdaderamente se apueste por la educación, mucha educación, la formación, la
investigación, el desarrollo de las ciencias y la técnica, la cultura… y la
interacción, de todos ellos, con los Valores que nos hacen mejores como
personas.
Sé que esto suena a utopía, pero es que hoy, aquí, y en los
13 años que nos han precedido en la concesión de este premio, seguimos hablando
de utopía porque hay que seguir hablando de utopía y morir hablando de utopía.
Y esta afirmación, para mi, lo certifica el hecho de que
creíamos que vivíamos en un castillo seguro, y de repente… ¡zas!,… el estornudo
de una crisis…, estornudo, eso sí, avalado por quienes solo creen en los
valores, pero en los valores de la máxima que asegura “que un buen negocio
financiero vale más que, no solo una vida, sino más que la de millones de
vidas, de ilusiones, de esperanzas y de derechos”. Y ahí tenemos el más que
reciente acto de distorsión bancaria, por parte de 8 entidades de crédito, con
la manipulación que hicieron hace unos años atrás, aunque se ha conocido ahora,
de los tipos de interés interbancarios, el líbor y el euribor, a través de la
constitución, entre ellas, de un cártel.
Aunque, también, lamentablemente, eso tiene su contraparte
en casos concretos, de supuestos defensores, de los derechos de las personas en
sus diferentes manifestaciones ciudadanas, que tropiezan, de modo distinto, en otros niveles de
corrupción.
Hemos vivido todo el tiempo dentro de un castillo de naipes
y nosotros nos creíamos en un Estado del Bienestar tan indestructible como la
garantía que la Constitución hace de nuestros bienes privados, porque cuando han sido necesarios hacer
reajustes, se han hecho reajustes, y el castillo de naipes se tambalea, y
se tambalea por quienes tienen poder para ello, porque ni siquiera la
democracia está bien apuntalada: solo hay unos buenos cimientos economicistas que priman muy por encima, de
modo absoluto, sobre la equidad, la justicia, la solidaridad, la igualdad, la
felicidad, y sino quisiéramos hablar de felicidad, hagámoslo del bienestar que
nos iguale a todos, al menos, por lo más universal.
Estamos en un mundo de contradicciones, de lucha, porque no
es la dialéctica y la razón lo que prima, aunque a veces, más por pragmatismo
que por pura convicción, se llegue a una síntesis en la búsqueda común de
soluciones, aunque no siempre y, en todo caso, las menos veces.
A pesar de mi escepticismo que se ha agrandado con los años,
reconozco también que mis contradicciones se han agrandado.
Y así, soy ya, nada
creyente, pero me reconozco más practicante.
Creo menos en que el ser humano tenga solución, pero me
empeño con más ahínco en trabajar por la Cultura de los Valores relacionados
con el compromiso por los demás.
Me he vuelto, lo reconozco, muy terco, demasiado terco en la
lucha por trabajar por estos valores pero, al mismo tiempo, haciéndolo de modo
más pausado.
Hay personas que nos empeñamos en construir sobre lo que se
cae, y volver a construir sobre lo que se cae y, volver, de nuevo, a construir
sobre lo que se cae o sobre lo que se quiere , según se mire.
¡Qué cansancio! pero también qué estímulo, sobre todo,
cuando ves que hay otras muchas, muchísimas personas que van por delante de ti
y que sus vidas -ellos sabrán mejor que
nadie su intrahistoria-, con seguridad que estarán plagadas de renuncias, de
sin sabores, de incomprensiones y, por tanto, nada, nada fáciles, en numerosas
ocasiones.
Personas maduras, que han superado la adolescencia, por
cierto, y comprometidas y sabedoras de cuánto pueden perder y, así, es posible
que muchas veces se cuestionen, precisamente, cuánto han podido perder por el
camino y si verdaderamente ha merecido la pena, pero quien es de un modo,
amigos y amigas, es de un modo, porque incluso con sus luchas internas consigo
mismos, mantienen una carrera de fondo sin límite y, por tanto, a fondo perdido
de la que no esperan más recompensa que el saber que han cumplido con su conciencia.
Y son los hombres y mujeres que todos los años ponemos como
modelo al otorgársele este reconocimiento. Y son todos los hombres y mujeres,
también, a los que no podemos reconocer entre las distintas candidaturas
existentes porque sólo podemos elegir a una. Y son, también, como decía al
inicio, los hombres y mujeres que de forma anónima, en todo el mundo,
interactúan con las causas más huérfanas y desubicadas. Son los hombres y
mujeres merecedores de que, como mínimo, se les tenga presentes, como así todos
los años, desde hace 14 ediciones, de modo ininterrumpido, se viene haciendo
con la celebración de este acto público.
Y, como todos los años, precisamente porque este acto se celebra –y no por casualidad- en torno al Día de los Derechos Humanos, instituido por las Naciones Unidas el 10 de diciembre, quisiera tener un recuerdo, que supongo compartido, para Nelson Mandela, Madiba, el prisionero número 46664, y para todas aquellas personas, miles y miles y miles en todo el mundo, que de forma, también anónima, defienden y seguirán haciéndolo, aún a costa de sus vidas, estos derechos que son violados todos los días por Estados, personas, organismos, instituciones, empresas, entidades, organizaciones… cuando debiera constituir la base, precisamente -su respeto-, del progreso al que todos debiéramos aspirar.
Y, como todos los años, precisamente porque este acto se celebra –y no por casualidad- en torno al Día de los Derechos Humanos, instituido por las Naciones Unidas el 10 de diciembre, quisiera tener un recuerdo, que supongo compartido, para Nelson Mandela, Madiba, el prisionero número 46664, y para todas aquellas personas, miles y miles y miles en todo el mundo, que de forma, también anónima, defienden y seguirán haciéndolo, aún a costa de sus vidas, estos derechos que son violados todos los días por Estados, personas, organismos, instituciones, empresas, entidades, organizaciones… cuando debiera constituir la base, precisamente -su respeto-, del progreso al que todos debiéramos aspirar.
En el juicio en el que condenan a Mandela a cadena
perpetua, pronuncia uno de sus famosos
discursos, y del que quiero destacar un párrafo, para terminar:
«He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He
albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las
personas convivan en armonía e igualdad de oportunidades»
Como siempre, muchas gracias por su atención.
























