ACTO DE IMPOSICIÓN DE BECAS Y
ENTREGA DE DIPLOMAS A LOS ALUMNOS DEL TÍTULO OFICIAL DE MÁSTER UNIVERSITARIO EN
DESARROLLO SOCIAL, DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA SAN ANTONIO-UCAM
Monasterio de Los Jerónimos
Guadalupe-Murcia
Viernes, 17 de abril de 2015
Es todo un orgullo
recibir esta distinción que me emociona. Muchas gracias.
Buenas tardes.
Sr. D. Antonio Alcaraz López, Vicerrector de Extensión Universitaria y
Director del Máster Oficial de Desarrollo Social
Dr. D. Rainer Gehrig, Coordinador Académico del Máster Oficial en
Desarrollo Social
Familiares y
amigos de los alumnos de este Máster
Estimados alumnos y alumnas, tanto quienes estáis presentes en este
maravilloso marco en el que hoy nos encontramos, como quienes nos seguís vía
internet en el resto de España, como en aquellos países donde también habéis
realizado el Máster online.
Profesores que lo
habéis sido de este Máster.
Señoras y Señores.
Muchas gracias y
un saludo muy cordial.
Mis primeras palabras son tan sentidas como
obligadas y puedo asegurarles que no revisten ninguna literatura que sea fruto
de un mero compromiso protocolario:
Constituye para la organización social que
represento, la Plataforma del Voluntariado de la Región de Murcia, y no podría
ser de otro modo, un verdadero honor que se haya pensado en nosotros para
asumir la responsabilidad que conlleva el ser padrinos de los Master Universitario en Desarrollo Social que
desde el primero realizado hasta éste último, ha venido llevando a cabo con
mucho acierto y criterio la Universidad Católica San Antonio, la UCAM.
Quisiera centrar mi intervención en la
relevancia que el Voluntariado, hoy más que nunca, tiene en nuestra sociedad,
pero sobre todo quisiera hablar de valores y, de modo especial los que se
envuelven en la Solidaridad y en la búsqueda de la Equidad.
El ejercicio activo del Voluntariado, al
menos aquél que se empeña en empatizar con quienes socialmente más pudieran
estar necesitados -dado que son múltiples los modelos de Voluntariado que nos
podemos encontrar en base a nuestros intereses e inquietudes personales- pasa
necesariamente por ir armado con convicciones éticas y morales muy sólidas.
Pasa, también, por gestionar un sentido arraigado del compromiso que dé
estabilidad en el tiempo a nuestra acción y, aunque esto pueda parecer muy
prosaico, pero no menos cierto, pasa también por definirse en una vocación de
servicio que supere cualquiera de los obstáculos que la
cotidianeidad sea capaz de idealizar con
falsos envoltorios con los que, en no pocas ocasiones, se nos presenta al
Voluntariado.
Y, quiero añadir, por tanto, un nuevo
elemento. El de la desmitificación. Hubo hace años una campaña que venía a
decir algo así como “Soy Voluntario. Soy un superhéroe”.
Si algo dignifica la acción voluntaria y la
convierte en relevante, no es, precisamente, porque la misma sea ejercida por
seres extraordinarios que son capaces de renunciar a sí mismos por los demás.
Ejemplos éstos, no cabe la menor duda, por otro lado, que hace sublime el
sentido de la vida.
El Voluntario no es el centro de atención y,
por tanto, no es un fin en sí mismo. El Voluntario y, por extensión el
Voluntariado, es una expresión más de las diversas formas que en esta sociedad
tenemos de empujar para que la misma vaya creciendo en valores y en calidad de
vida.
La Acción Social, quienes pretendéis llevarla
a cabo desde una perspectiva profesional, como de forma Voluntaria o, en el
equilibrio de ambas aristas, debe hacerse, ésta es mi experiencia, con mucho
respeto hacia el destinatario de nuestro trabajo. Y con mucho respeto a través
de una formación sólida que nos permita dignificar, sin un trato
condescendiente, y con una mirada entre iguales, a quienes no han tenido la
oportunidad, en ocasiones sólo el azar se encarga de marcar la diferencia, de
ser una persona con posibilidades para realizarse plenamente.
Millones de personas en todo el mundo, afortunadamente, y de múltiples
formas, practican la Cultura de los Valores, siendo el “Compromiso”, a mi
entender, el primero de ellos y cuyo significado profundo, arrastra a todos los
demás con él.
Y la Solidaridad es su primera consecuencia visible e inmediata, aunque
debo decir, al menos así lo creo, que la Solidaridad se encuentra en plena
adolescencia.
Puede que la Solidaridad sea una etapa propia de la adolescencia en el
largo e indeterminado proceso de la evolución del Ser Humano.
Yo lo creo así cuando digo que, tal vez sea la Solidaridad, un camino de
crecimiento porque, de por sí, no conforma el estadio de desarrollo que debiera
corresponder a una sociedad basada en un ideal de Suprema Justicia. Por eso,
valores como la Solidaridad son los propios de una sociedad que está en una
continua contradicción entre evolución y su contraparte que le arrastra.
Considero que la Solidaridad, concepto tan noble es, sin embargo, una
respuesta paliativa a las desigualdades, a las injusticias, a la violencia
emocional que producen las injusticias.
Para que la Solidaridad quedara superada en la etapa evolutiva del Ser
Humano, creo que su circunscripción natural debiera ser aquélla que hace
referencia a cuando nos enfrentamos a fuerzas superiores a nosotros como son
las que la naturaleza deviene, o las enfermedades, o la muerte, pero nunca más
debiera serlo como elemento de confrontación por la conquista, o reconquista
como ya empieza a suceder, de derechos sociales básicos.
Cuando digo que la Solidaridad es un elemento de confrontación, me estoy
refiriendo a que si bien la misma lleva aparejada un fuerte componente de
auxilio para quien necesita de ella, sino la acompañamos y entendemos con la
misma energía, como un mecanismo de denuncia y reivindicación, más que de
acomodo y placebo tranquilizante de conciencias, la llama que hemos encendido
para iluminar y remover, precisamente, las otras conciencias, quedará
extinguida sin más brillo que el que se desprende -como siempre digo-, de los
fuegos de artificio cuyos efectos en el cielo, no cabe la menor duda, son
espectaculares.
Por eso, quienes habéis elegido el maravilloso camino del Trabajo Social
en mayúscula, junto al resto de los agentes económicos, sociales y religiosos, los partidos políticos
y los movimientos ciudadanos, corresponde como en medicina, el papel de
principio activo, que debe ser capaz de influir en la modificación de las
condiciones sociales existentes, porque el estado ideal de la sociedad no es
vivir, o no debiera ser el vivir instalada en la Solidaridad como mecanismo de
corrección de las desigualdades y, tampoco, el estado ideal es vivir de la
Solidaridad, ni las personas necesitadas, ni las instituciones, ni las
organizaciones, pero tampoco se puede prescindir de ella, lamentablemente, y
menos en estos momentos tan críticos por los que atravesamos y me temo que por
muchos siglos por delante.
Por tanto, prefiero hablar de la Solidaridad, en esta etapa de la
evolución social del Ser Humano, no como un fin en sí mismo, sino como un
instrumento temporal (indefinido) para alcanzar metas mayores y, por tanto,
como una respuesta imperfecta, pero necesaria; o como una respuesta
insuficiente, pero pragmática.
Creo que si la Solidaridad la entendiéramos como un tránsito, tal vez
pudiera cumplir mejor lo que se debe esperar de ella, así lo entiendo: pondría
el símil de la Solidaridad como una pértiga que sirve de palanca para
impulsarnos, en el salto, a otro status superior.
Siempre he creído que ese status superior debiera ser el de la Equidad,
en un sentido absoluto, como aspiración final deseable, al menos hasta donde yo
alcanzo en el conocimiento.
Y cada vez estoy más convencido de algo tan obvio, posiblemente, como el
que sólo la Equidad es posible a base de que verdaderamente se apueste por la
educación, la formación, la investigación, el desarrollo de las ciencias y la
técnica, la cultura y, la interacción de
todos ellos, con los Valores que nos hacen mejores como personas.
Sé que esto suena a utopía, pero es que hoy es necesario seguir hablando
de utopía y morir hablando de utopía.
Y esta afirmación para mí lo certifica el hecho de que creíamos que
vivíamos en un castillo seguro, y de repente el estornudo de una crisis -estornudo,
eso sí, avalado por quienes solo creen en los valores, pero en los valores de
la máxima que asegura “que un buen negocio financiero vale más que, no solo una
vida, sino más que la de millones de vidas, de ilusiones, de esperanzas y de
derechos” - puede, porque así lo quieren quienes tienen poder para ello,
desmembrar lo hasta ahora hecho.
Aunque, también, lamentablemente, eso tiene su par en casos concretos,
de supuestos defensores de los derechos de las personas en sus diferentes
manifestaciones ciudadanas que tropiezan, de
modo distinto, en otros niveles de corrupción.
Hemos vivido durante muchos años dentro de un castillo de naipes y nosotros nos
creíamos en un Estado del Bienestar tan indestructible como la garantía que la
Constitución hace de nuestros bienes privados,
porque cuando han sido necesarios hacer reajustes, se han hecho
reajustes, y el castillo de naipes se ha tambaleado porque ni siquiera la
democracia está bien apuntalada: solo hay unos buenos cimientos economicistas que priman muy por encima, de
modo absoluto, sobre la equidad, la justicia, la solidaridad, la igualdad, la
felicidad, y si no queremos hablar de felicidad, hagámoslo del bienestar que
nos iguala a todos, al menos, por lo más universal.
Sólo hay que
observar los resultados del VII Informe que sobre exclusión y desarrollo social
en España en 2014, han elaborado la Fundación FOESSA y Cáritas donde se destacan
los altos niveles de desigualdad salarial, la limitada capacidad redistributiva
del sistema de impuestos y un sistema de prestaciones reducido, poco protector
en el tiempo y que no se adecua a las necesidades de los hogares en función de sus
características.
Además, señala que
la crisis no ha afectado a todos por igual, ya que se ha cebado con las rentas
más bajas y ha afectado a la convergencia territorial entre Comunidades
Autónomas, que se ha ralentizado. De hecho, se dan diferencias sustanciales en
la incidencia de la exclusión social en territorios con niveles de riqueza
similar.
Por otro lado,
habla del aumento de la exclusión social: de la envergadura de este deterioro
da cuenta el hecho de que el núcleo central de la sociedad española considerado
en situación de integración social plena es ya una estricta minoría y en la
actualidad representa tan solo el 34,3%, mientras que en 2007 superaba el 50%.
Esto significa que
la población excluida en España asciende ya al 25% y afecta a más de 11.746.000
personas. De ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa.
Además, hay que
tener en cuenta que 2 de cada 3 personas excluidas ya estaban en esta situación
antes de la crisis.
La precariedad
afecta a ámbitos como la vivienda y la salud: de los 11,7 millones de
excluidos, el 77,1% sufren exclusión del empleo, el 61,7% exclusión de la
vivienda y el 46% exclusión de la salud.
En cuanto al
perfil sociológico, son las familias de mayor tamaño las que más afectadas se
han visto, sobre todo familias en las que hay muchos niños y muchos jóvenes.
Asimismo, se
multiplica de forma generalizada la vulnerabilidad de la juventud. Dos datos:
el 35% de los jóvenes vive en hogares excluidos y el 27% de los jóvenes
desocupados está fuera del sistema educativo. Como se indica en el Informe, en
cierto sentido puede hablarse de una «generación hipotecada».
Estamos en un mundo de contradicciones, de lucha, porque no es la
dialéctica y la razón lo que prima, aunque a veces, más por pragmatismo que por
pura convicción, se llegue a una síntesis en la búsqueda común de soluciones,
aunque no siempre y, en todo caso, las menos veces.
A pesar de mi escepticismo que se ha agrandado con los años, reconozco
también que mis contradicciones se han agrandado.
Aunque cada vez soy más escéptico con el ser humano -y permítanme que lo
diga en este foro- me empeño con más ahínco en trabajar por la Cultura de los
Valores relacionados con el compromiso por los demás.
Me he vuelto, lo reconozco, muy terco, demasiado terco en la lucha por
trabajar por estos valores pero, al mismo tiempo, haciéndolo de modo más
pausado.
Hay personas que nos empeñamos en construir sobre lo que se cae, y
volver a construir sobre lo que se cae y, volver, de nuevo, a construir sobre
lo que se cae o sobre lo que se quiere que se caiga por quienes quieren que así
sea, según se mire.
Es un cansancio pero también ¡qué estímulo! sobre todo, cuando ves que
hay otras muchas, muchísimas personas que van por delante de ti y que sus
vidas -ellos sabrán mejor que nadie su
intrahistoria-, con seguridad que estarán plagadas de renuncias, de sin sabores,
de incomprensiones y, por tanto, nada, nada fáciles, en numerosas ocasiones.
Personas maduras, que han superado la etapa de la adolescencia (de la
solidaridad), por cierto, y comprometidas y sabedoras de cuánto pueden perder
y, así, es posible que muchas veces se cuestionen, precisamente, cuánto han
podido perder por el camino y si verdaderamente ha merecido la pena, pero quien
es de un modo, es de un modo, porque incluso con sus luchas internas consigo
mismos, mantienen una carrera de fondo sin límite y, por
tanto, a fondo perdido de la que no esperan más recompensa que el saber
que han cumplido con su conciencia.
Son los hombres y mujeres que de forma anónima, en todo el mundo,
interactúan con las causas más huérfanas y desubicadas.
Estamos lejos de una sociedad sana. Pero vosotros habéis elegido, a
través de la formación con este Máster, un modo extraordinario de contribuir a
una sociedad donde no sea la perpetuación de las estructuras de injusticia las
que prevalezcan de modo fatalista, sino sólo un obstáculo más que una sociedad
madura debe ir rompiendo.
Y me permito, si así lo puedo hacer, que os diga que nunca hagáis del
Trabajo Social (en cualquier ámbito de la vida) un instrumento al servicio de
la tecnocracia. Debe ser, incluso, por supuesto, un medio de vida si así lo
habéis elegido, pero debéis dignificarlo con el modo de ejercerlo. Tropezaréis
con la impotencia y las frustraciones, pero eso forma parte del protocolo del
trabajo que habéis elegido. El éxito, no cabe la menor duda, está en la
resistencia, en seguir creyendo, y de no de forma utópica, que un mundo mejor
es posible.
Quisiera finalizar mi intervención dando la enhorabuena a quienes habéis
tenido la oportunidad de realizar este Máster y de iniciar así,
tal vez -o como tránsito, para ejercer, de modo comprometido- el noble
trabajo para hacer un mundo más fácil a nuestros semejantes.