ACTO DE ENTREGA
DEL XVI PREMIO AL SOLIDARIO ANÓNIMO
AÑO 2015
Salón de Actos del Edificio Rector
Sabater
(Universidad de Murcia)
Murcia, 3 de diciembre de 2015
Intervención del Presidente
de la Plataforma del Voluntariado de
la Región de Murcia
Roberto Barceló Vivancos
Buenas tardes,
Como siempre en la
entrega de este Premio, quisiera empezar por el capítulo extenso de saludos, ya
que siempre está en mi ánimo poner de manifiesto que el capital humano es lo
que hace posible el progreso social.
Saludar, por
tanto en primer lugar, y empezando por los miembros de esta Mesa, a
Sr. D.
Miguel Ángel Pérez Sánchez, Vicerrector de Estudiantes, Calidad e Igualdad de
la Universidad de Murcia.
Sr. D.
Rafael Gómez Carrasco, Concejal Delegado de Educación, Relaciones con
Universidades y Patrimonio del Ayuntamiento de Murcia.
Sra. Dª
María Paz García-Longoria Serrano, Decana de la Facultad de Trabajo Social de
la Universidad de Murcia.
Sr. D.
Clemente García García, Presidente de la Fundación Antonio Campillo.
Sra. Dª Antonia
Rojo Gomariz, como Secretaria del Jurado y representante de los alumnos de la
Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Murcia.
Un
saludo a quienes han venido en nombre de las distintas Administraciones: Comunidad
Autónoma, Ayuntamientos y demás Instituciones públicas y privadas.
A
quienes lo están en nombre de las organizaciones y entidades sociales,
educativas y de otra índole.
A los
distintos miembros de la Comunidad Universitaria: profesorado, alumnado y
personal de administración y servicios.
A la Junta
Directiva y Equipo Técnico de la Plataforma del Voluntariado de la Región de
Murcia, entidad a la que represento.
A
cuantas personas, en general, en nuestra región conforman el Voluntariado y la
labor de Solidaridad.
A
los miembros del Jurado de este Premio.
A
los ciudadanos que han deseado estar presentes en la entrega de este
reconocimiento.
Y,
también, por su colaboración más cercana, a la Concejalía de Bienestar Social y
Sanidad del Ayuntamiento de Murcia, y a la Fundación Cajamurcia
Quisiera,
también, trasladar un saludo a quienes van a realizar la semblanza de las
premiadas
A
la Asociación CEOM en toda su extensión.
A
los familiares y amigos de Ángela y Eustaquia.
Y,
por supuesto, saludos a las personas que hoy reciben un merecido
reconocimiento, Ángela y Eustaquia.
Es una gran satisfacción
que el XVI Premio al Solidario Anónimo forme parte del Programa de Actos de
este II Congreso que, sobre la realidad del Voluntariado en tiempos de crisis,
tiene lugar entre el día de hoy y de mañana viernes. Una propuesta que se nos
trasladó por parte de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad y que
desde esta Plataforma aceptamos con
pleno convencimiento y expresando nuestro agradecimiento por haberse entendido
que en el marco de dicho Congreso, como foro de participación, análisis y
debate de una realidad social donde el verdadero capital es el patrimonio
humano con el que se cuenta, como es el
Voluntariado, respondía plenamente a lo que puede poner de manifiesto: un
reconocimiento a la Solidaridad como así lo pone de manifiesto el Premio al
Solidario Anónimo.
No cabe la menor duda
que Voluntariado y Solidaridad conjugan
la misma familia de palabras relacionadas, por lo que es inevitable que, en no
pocas ocasiones, hablemos de ambas de
forma ensamblada. Y hoy considero que es una oportunidad inequívoca para que,
al menos por mi parte, pueda hacerlo en este acto tras tantos años en el que se
ha venido reconociendo la labor de personas tan merecedoras de los valores que el mismo sintetiza y que
son los valores que se desprenden del Voluntariado y la Solidaridad.
La generosidad, el
apoyo, el codo con codo, esa frase tan utilizada por el grafismo que desprende,
debe hacerse cuando y con quien más lo necesita en el momento que más lo
necesita. Ahí está el verdadero significado que adquiere y que las propias
instituciones públicas, que no siempre responden con voluntad decidida al
mostrar evidentes síntomas de retraimiento de la voluntad, contribuyen a que la
brecha se distorsione en mayor medida entre los distintos estatus
económicos-sociales de los ciudadanos, en lugar de activarse los mecanismos que
la Solidaridad y el Compromiso formulan en situaciones para las cuales estos
han sido diseñados, porque éstos comprometen también, y de modo inequívoco a
las instituciones públicas, garantes de que el bienestar en sociedades
avanzadas no responda a criterios economicistas.
A través del
Voluntariado y la Solidaridad se contribuye a paliar, que no superar, los
efectos que produce un modelo de sociedad que, sobre todo en estos momentos, se
encuentra muy desestructurada en determinados ámbitos de la población, porque
hoy más que nunca existen unos desequilibrios sociales que hacía décadas no
eran conocidos en nuestro país: tasas de paro por encima del 23% de la
población activa; entorno al 30% se sitúan en el umbral de la pobreza, miles de
desahucios al cabo del año; bancos de alimentos que piden el auxilio de los
ciudadanos y de las empresas para abastecerse ya que se encuentran desbordados
por la demanda existente; comedores sociales arrebatados; ayuntamientos que se
sienten obligados a abrir los colegios en períodos vacacionales para cubrir las
necesidades alimenticias de niños cuyos padres se encuentran en estado de shock
económico.
La ciudadanía
organizada contribuye poderosamente al desarrollo social, cultural y económico
de la comunidad en la que se encuentra, además de ejercer de contrafuerte y,
por tanto, de elemento de corrección de las posibles desviaciones que en las
sociedades, sobre todo democráticas, pueden ejercer los poderes públicos o
económicos, principalmente.
Por lo que la Solidaridad
y el Voluntariado es responsabilidad de todos, no de una élite que trabaja en
la solidaridad. Y debe ser gestionada por todos. La Solidaridad es patrimonio
de todos, lo que le convierte en un activo individual que nos iguala a todos, o
al menos, en la capacidad de poder hacerlo, independientemente de la condición
social, económica o de otra índole que nos diferencie a unos de otros
Permítanme que,
aprovechando esta coyuntura tan favorable de vientos, les señale el permanente empeño
que tengo desde hace años en la presentación de este reconocimiento público: el
de añadir un tercer aspecto que considero esencial a ese binomio antes señalado
de Solidaridad y Voluntariado, y que ese
aspecto debe ser el siguiente escalón al de la Solidaridad, ya que ésta
tropieza con los cordones de sus propios zapatos, aunque no fuera su voluntad,
dado que no tiene más capacidad de maniobra de modo natural, salvo el de ayudar
a que nos acerquemos a la Equidad. Por tanto, considero que ideas como la
Solidaridad son claves conceptualmente para que nos acerquemos a la Justicia
Social y a la Equidad
Entre Solidaridad y
Equidad hay un lubricante social, sin que necesariamente sea el único e
indiscutible, que se llama Voluntariado y que tiene como objetivo ayudar a
realizar un tránsito entre la una, la Solidaridad, y la otra, la Equidad, y
este debiera ser, en mi forma de ver el complejo ordenamiento de los
pensamientos humanos, cómo generar las sinergias necesarias para albergar
ilusiones de un mundo mejor.
Y un mundo mejor es
posible con Premios al Solidario Anónimo como el que hoy se concede en las personas
de Ángela y Eustaquia. Ex-aequo ha sido concedido este reconocimiento de manera
muy excepcional, pero ha sido valorado por el jurado de este año sin la menor
fisura en su decisión, y sin desmerecer a ningún otro que se presentaba, porque
con la concesión del mismo a ambas, hija y madre, se quiere también poner de
manifiesto la fuerza de la cooperación mutua y la fuerza del corazón, tal vez,
el arma más poderosa para derribar barreras que la razón nos dice que son
infranqueables.
Tal vez, posiblemente,
la normalización de las diferencias sea posible cuando mirando a los ojos de Ángela podamos vernos nosotros
mismos porque si fuera así, no cabe la menor duda que estamos, entonces, ya
hablando de un mundo verdaderamente mejor.
En el día Internacional
de las Personas con Discapacidad, precisamente hoy, pura casualidad todo, mi
reconocimiento y aplauso a cuantas organizaciones como en este caso, permitan
que lo personalice en CEOM.
Pero también en los
profesionales, instituciones, Administraciones, padres y familiares en general,
como amigos y seres queridos de Ángela y Eustaquia, ya que con la labor que
realizan hacen que seamos, o al menos nos sintamos, mejores personas al
observar el reflejo de causas por las que, de verdad, merece la pena luchar.
Muchas gracias.
























